2009-08-16 18:31:11

NUEVO RECORD MUNDIAL EN 100 mts: 9.58 segundos
Usain Bolt, la leyenda





En la final más veloz de la historia, el jamaicano pulveriza el récord mundial y lo rebaja once centésimas, un salto de gigante

«¿Por qué voy a inquietarme si soy el más rápido del mundo?», se preguntaba Usain Bolt antes de la final. En Berlín, en el estadio que vio a otro negro, Jesse Owens, humillar en 1936 al regimen ario y nazi de Adolfo Hitlet. Tenía que ser allí.



La mejor carrera de la historia. Al hombre le costó hasta 1967, hasta aquella cabalgada de Jim Himes, bajar de los diez segundos en la prueba de cien metros. Pasaron generaciones de galgos hasta que Carl Lewis, en 1991, tiró el siguiente muro: 9,86. Y hubo que esperar a 1999 para el desplome siguiente, el de Maurice Greene y sus 9,79. Casi un siglo de carreras. El resto de los muros, el de 9,70 y el de 9,60, los ha tumbado Usain Bolt, él solito, en dos 16 de agosto, el del año pasado en Pekín y el de ayer en Berlín. En China rompió el crono en 9,69 y ayer, en 9,58. Once centésimas menos. Alucinante. El atleta perfecto. Supermán nació hace 23 años en Sherwood, un lugar de Jamaica.

«Quiero ser una leyenda de mi deporte», declaró antes de batir a Tyson Gay (9,71, récord estadounidense) y Asafa Powell (9,84) en la final más veloz nunca vista. Bolt ya es leyenda. Y lo será para siempre. De hecho, ya lo era. Con catorce años necesitó sólo 48 segundos para hacer 400 metros, a apenas tres segundos del récord absoluto español. En mayo de 2008, en su quinta carrera oficial de cien metros, batió el réçord del mundo: 9,72. Dos meses y pico después, en los Juegos de Pekín, cruzó la raya con los brazos desplegados como un inmenso albatros y golpeándose el pecho para celebrar sus 9,69. Días después trituró la mítica plusmarca de Michael Johnson en 200, la que nadie iba a batir hasta 2020. Fue su primer viaje al futuro, y en sólo 19,30 segundos. Lo hizo después de comer una docena de 'nuggets' de pollo. Dos oros y dos récords extratosféricos con la dieta del 'McDonals'. Nadie ha hecho nunca algo así. Por eso, antes de partir ayer en la final del Campeonato del Mundo de Berlín, Bolt ya había cumplido su deseo. Como el título de la película: 'Soy leyenda'. En el Mundial alemán 'sólo' la ha agrandado hasta el infinito. Y el infinito dura 9,58 segundos. Ahora se sabe.

Roza los límites humanos
«¿Mi día perfecto? Estar en casa sin hacer nada, dormir y jugar con las videoconsolas. Si no tengo que salir a la calle, me quedo siempre en casa», confiesa. Así de lenta es la jornada ideal del hombre más rápido del mundo. De Usain Bolt. 'Bolt' es rayo en inglés. Y Usain significa en árabe 'el que es bueno'. Predestinado, pues. Y divertido. Así se le vio ayer junto a los tacos de salida. Treinta grados de calor en la noche de Berlín. Húmeda. Perfecta para correr. Alemania caribeña. Bolt se contoneaba, canturreaba. Guiños a la cámara. Lanzaba su gesto, el del rayo.

Arqueaba las cejas. Feliz. Tranquilo. Hasta cruzó puños en broma con su compatriota Powell, el mudo, el introvertido. Al lado, ni les miraba el estadounidense Gay. Serio, la cara tiesa, sin un pestañeo, hacía 'crack', 'crack' girando el cuello. Interno en su burbuja. No se puede estar más concentrado.
Las dos maneras de leer cien metros. De broma, como Bolt. Cargado de trascendencia, como Gay. Berlín les observaba. Ansiosa. Los nueve segundos más esperados. La salida fue un prodigio de Bolt. El más alto: 1,96. El que peor lo tiene para doblar la bisagra y arrancar. Eso dice la biomecánica, pero no la genética jamaicana. Salió a la par de Gay, un especialista en el disparo inicial. Las dos primeras zancadas de Bolt no tienen igual. Largas. De zanquilargo. A los doce pasos ya estaba erguido. Algo desgarbado como es. Ya se acercaba a su velocidad punta, los casi 44 kilómetros por hora. Mediado el hectómetro, miró por el retrovisor y vio que ya corría solo. Como siempre. Aunque esta vez no se frenó. Tenía cita con el récord. La leyenda. Tiene los pies rápidos. Apenas puntean sobre el tartán. Su técnica no es la mejor. El mejor es él. Prolonga como ninguno su velocidad punta. No se viene abajo como otros en el metro 80. Ayer, por primera vez en su vida, corrió cada uno de los cien metros. Contra sí mismo, contra su plusmarca de Pekín, y se batió: la rebajó once centésimas. El enorme salto del atletismo.

Zancada de 2,6 metros
Ahora, las marcas las pintan con dígitos en paneles luminosos: 9,58. Lucen los neones y posan los campones. Pero para comprender el talento de Bolt basta una tiza.
El lector puede trazar una raya en el suelo. Y otra dos metros y 65 centímetros más allá. Así es una zancada del jamaicano. Para los mortales, un salto; para él, un paso dado de puntillas y a toda pastilla. Correcaminos o cómo tragarse cien metros en sólo 41 brincos. Cómo convertirse en sólo 9,58 segundos en un personaje historico con una marca del futuro que roza ya los límites del ser humano. Decían que Bolt era demasiado alto para esto, que mide 1,96. Qué va. Mide más. Es un gigante de cien metros. Berlín, la ciudad que odió a Jesse Owens en 1936, se arrodilló ante Usain Bolt, el nuevo campeón del mundo. El más grande del 'planeta atletismo'.

Por O. Ortiz

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